Víveres en el vagón
Extracto del relato (finalista en el concurso de relatos de TMB 2009)
Subo al vagón y calculo cuanta gente lo ocupa. Son unas treinta personas sumando el bebé. No hay nadie que por la apariencia parezca violento, me refiero a alguien con los ojos inyectados en sangre o algún tipo alcoholizado y con los brazos tatuados de arriba abajo. No necesito calcular el espacio del vagón, se que mide casi doscientos metros cúbicos. No soy claustrofóbico. La gente que me conoce me llama obseso de la previsión. Siempre que subo al metro llevo conmigo una botella de agua mineral de litro y medio y un par de barritas energéticas. Nunca me las como y del agua sólo tomo un trago, no más. Si un día olvido llevar conmigo estas provisiones no subo al metro y hago el trayecto en autobús, aunque ello signifique el doble de tiempo. Una vez me quedé encerrado en un vagón, el metro estuvo parado durante cinco minutos en el túnel. No fue mucho tiempo pero sé que en la próxima ocasión podrían ser horas y quiero estar preparado.
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