Clorofília

Esta entrada se publicó el 15 oct 2006

Extracto del relato:

Pero llegó un momento en que no tenía suficiente con su dosis de clorofila en
forma de caramelos y chicles. José Luis necesitaba más cantidad de “droga
vegetal”. Al final llegó a un acuerdo con un amigo suyo que trabajaba en la
facultad de Biología. Su amigo le pasaba botes de cristal llenos de clorofila pura
en estado líquido. José Luis pagaba una buena suma por cada bote. A la hora de
suministrarse el líquido verdoso José Luis optó por la vía intravenosa, era la
menos atractiva pero la más directa. A partir de aquel día se chutaba diez
centilitros de clorofila pura, la primera inyección por la mañana después de
desayunar y otra más después de comer, en los lavabos del trabajo.

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