Víveres en el vagón
Extracto del relato (finalista en el concurso de relatos de TMB 2009)
Subo al vagón y calculo cuanta gente lo ocupa. Son unas treinta personas sumando el bebé. No hay nadie que por la apariencia parezca violento, me refiero a alguien con los ojos inyectados en sangre o algún tipo alcoholizado y con los brazos tatuados de arriba abajo. No necesito calcular el espacio del vagón, se que mide casi doscientos metros cúbicos. No soy claustrofóbico. La gente que me conoce me llama obseso de la previsión. Siempre que subo al metro llevo conmigo una botella de agua mineral de litro y medio y un par de barritas energéticas. Nunca me las como y del agua sólo tomo un trago, no más. Si un día olvido llevar conmigo estas provisiones no subo al metro y hago el trayecto en autobús, aunque ello signifique el doble de tiempo. Una vez me quedé encerrado en un vagón, el metro estuvo parado durante cinco minutos en el túnel. No fue mucho tiempo pero sé que en la próxima ocasión podrían ser horas y quiero estar preparado.
Asociación fraudulenta
Extracto del relato:
Se llamaba Gabriela, una arrugada mujer de mirada brillante y cargada con numerosos colgantes de aspecto místico. Sus dedos estaban repletos de anillos que distraían mi atención mientras me explicaba su plan. En realidad no era una cliente, buscaba en mi una especie de colaboración. Ella se dedicaba a predecir el futuro como adivina y el caso era que su negocio no marchaba mejor que el mio. Por otra parte sus dotes adivinatorias no eran más que un fraude disfrazado con luz de velas, cartas de tarot y una mirada que podía hacerte creer lo que se propusiera. Viendo que nuestra colaboración parecía suficientemente lucrativa como para atravesar el bache acepté el trato.
Morder el anzuelo
Extracto del relato:
Estoy en casa, tumbado sobre la cama. Miro el techo, no puedo hacer otra cosa. No
puedo ponerme en pie, no puedo mover los brazos, no puedo siquiera cerrar la boca.
Tengo todos los músculos del cuerpo muertos. No puedo ver nada más que la lámpara
que cuelga del techo, pero oigo todo. Mi mujer, Elena, coge el teléfono y llama. Diez
minutos después alguien llama a la puerta. Mi mujer abre la puerta.
7 lunes a la semana
Extracto del relato:
Así que vivía un lunes tras otro y nadie podía ayudarme ya que vivía sólo y si se
lo contaba a algún amigo o compañero del trabajo me tomarían por loco. Mi vida
se había reducido a vivir el primer día de la semana sin parar, sin descanso, sin
excursiones, sin viajes, sin fiestas, sin conciertos… y es que podía haberme
pasado con otro día, el miercoles por ejemplo, que al menos es el día del
espectador.
Deja vu
Extracto del relato:
Después fui con los amigos al bar de siempre a tomar unas cervezas. Después de
algunas medianas y un canuto a medias se me iluminó la cabeza con una idea
surreal y algo inquietante. Me vi a mi mismo desde una perspectiva superior,
desde una especie de plano divino. Yo era como un personaje al que se le repetía
un período de tiempo una y otra vez, pero no era capaz de ver si ese tiempo era
un día, una semana, un año… Lo que si era evidente en aquella visión era que
volvía hacer las mismas cosas una y otra vez pero no recordaba haberlas echo
antes.
El grano delator
Extracto del relato:
Mis sospechas empezaron en el momento en que vi a mi marido desnudándose antes de ir a dormir. Tenía un grano reventado en mitad de la espalda. Un grano que yo no había reventado y que él, con su escasa flexibilidad y gran corpulencia, no pudo alcanzar. A partir de aquel momento empecé desconfiar de él, una aventura era la única respuesta posible. De todas formas me quería asegurar antes de acusarle así que a partir de ese día puse los cinco sentidos en busca de la prueba definitiva.
El inquilino estomacal
Extracto del relato:
Algunas noches soñaba con ese intruso que vivía dentro de mi estómago, le veía salir por mi
boca y situarse encima de la mesilla de noche. Era un extraño bicho parecido a un gusano
pero con dos largas antenas y de aspecto gelatinoso. Se quedaba allí en medio,
observándome, como si intentase comunicarse conmigo. Después iba reptando otra vez hasta
mí y se metía por mi boca en busca de su refugio. Normalmente en ese punto del sueño me
despertaba e iba a vomitar corriendo al lavabo.
Clorofília
Extracto del relato:
Pero llegó un momento en que no tenía suficiente con su dosis de clorofila en
forma de caramelos y chicles. José Luis necesitaba más cantidad de “droga
vegetal”. Al final llegó a un acuerdo con un amigo suyo que trabajaba en la
facultad de Biología. Su amigo le pasaba botes de cristal llenos de clorofila pura
en estado líquido. José Luis pagaba una buena suma por cada bote. A la hora de
suministrarse el líquido verdoso José Luis optó por la vía intravenosa, era la
menos atractiva pero la más directa. A partir de aquel día se chutaba diez
centilitros de clorofila pura, la primera inyección por la mañana después de
desayunar y otra más después de comer, en los lavabos del trabajo.
Mi Problema genital
Extracto del relato:
- ¿Está seguro de que será niño, doctor?
- Estoy “doblemente” seguro.
Posiblemente fue algo así la primera conversación entre el ginecólogo y mi madre
después de ver mi primera ecografía. Nací con una mutación genética, algo que
marcaría el resto de mi existencia. Una broma de mal gusto de la naturaleza: yo tenía
dos penes.
625
Extracto del relato:
Nuestras vidas eran demasiado bonitas, todos teniamos
cochazos último modelo y casas de lujo.
Yo no quería esta vida, yo quería vivir en la realidad: tener un trabajo duro, pagarme todo con el sudor de mi frente, tener amigos gordos y calvos, conocer chicas frígidas, antipáticas y feas, comprar ropa en el mercadillo, hipotecarme para pagar un piso de 40 m2…
Relato en pdf